iPad: la máquina de leer

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Después de varias semanas con él en las manos (y en el sofá, en la cama y en la mesa de la cocina) creo que ya sé qué es el iPad, ese chisme que mañana se empieza a vender en España. Que me lo iba a comprar en cuanto saliera estaba claro, pero descubrir para qué rayos iba a servir ha tomado un poco más de tiempo. Lo he usado y he llegado a la conclusión de que es la perfecta máquina de leer. Es más, diría que es la mejor herramienta para un periodista desde la invención del bloc con espiral en la parte de arriba. Lo cual no deja de ser una pena, ahora que el periodismo va a desaparecer. Mis razones son tres:

1) Te libera del PC. Ya no desayuno delante del ordenador viendo los mails. Desayuno en la cocina con el iPad en la mesa viendo los mails. Aparte de diferenciar mejor los desayunos, también diferencia mejor el ocio y el negocio. Si acabas tu trabajo delante del ordenador y te apetece ver un vídeo o leer unos blogs, te vas al sofá a hacerlo. Incluso puedes irte al parque. Parece casi lo mismo pero hay una enorme diferencia. Y no, son cosas para las que nadie usaba el portátil (ese aparato que tarda una eternidad en encenderse) o el móvil (esa birria de pantalla).

2) El iPad es una herramienta pasiva. Es mejor recibiendo información que creándola. Es algo que se le ha criticado mucho, pero no veo mayor problema en ello: incluso hay gente que opina que es mejor leer pasivamente a Montaigne que actualizar activamente el Facebook. Los periodistas (y en general, cualquier persona que consuma de forma enfermiza información en cualquier formato, para uso personal o profesional) pasamos horas leyendo. Libros, artículos, informes. Para documentarnos o para buscar temas. El iPad facilita sobremanera esa labor. ¿Que le dan el Príncipe de Asturias a unos tipos desconocidos y tienes que escribir sobre ellos? En lugar de rezar para que quede un ejemplar en La Casa del Libro (si es que está editado), miras a ver si alguien los ha escaneado, y si no, entras en la aplicación del Kindle y te bajas sus libros. Después vas al NYT, localizas algunos artículos y los guardas con Instapaper, una aplicación maravillosa que instala un botón en el navegador del PC, el portátil, el iPad o el iPhone y que sirve para enviar a un repositorio todos los temas que quieres leer pero para los que nunca encuentras el momento. La unión Instapaper + iPad ha conseguido, por lo menos en mi caso, que me lea de verdad esos largos artículos del NYT. Sin tener que imprimirlos y aumentando la letra todo lo que quiero. Incluso lo que es, a priori, una tara tecnológica (no es multitarea) en la práctica sirve para centrarse en la lectura. No es lo mismo que el papel y no tiene tinta electrónica, pero mejora la forma en la que leemos ese enorme porcentaje de páginas diarias que no son literatura.

3) Viva el PDF. Un efecto secundario inesperado del iPad me ha hecho recuperar el amor por el PDF. Por ese PDF bien hecho con el que se trabaja tanto en los periódicos y revistas de papel. Algunos medios se han esforzado por crear sus aplicaciones mejor o peor, de pago o gratis, pero el iPad, para leer una revista cualquiera en PDF llano, es ideal. La distribución clásica de la información, en columnas, para un formato vertical y depurada por décadas de evolución de la maquetación de prensa, funciona de cine en el nuevo soporte. Si hay una aplicación con hipertexto, enriquecida y multimedia, perfecto. Y si no, el PDF vale, y casi seguro que será mejor que la versión digital del diario o la revista. La combinación YouKioske / DiarioTube con GoodReader (una aplicación que descarga, almacena y visualiza pdfs, porque aunque parezca mentira, el iPad no lo hace por defecto) garantiza horas de felicidad.

En realidad sólo le encuentro un fallito al iPad. Y es que saca de quicio. Enerva no poder encenderlo la primera vez sin un PC, su esclavitud al iTunes, su avaricia que te obliga a comprar hasta un procesador de texto, el teclado virtual, que te mienta cuando te dice que no está cargando, no poder descargar sin más un documento, no poder entrar en SeriesYonkis, no poder ver una de las pelis que tienes descargadas, tener que comprarte la funda por narices. Pero son detallines, y nadie dijo que el amor fuera fácil. Por lo demás, perfecto.

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